¿Orar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero es un acto bíblico?



¿Deberías realmente tú orar para saber si el Libro de Mormón es de Dios? ¿Existe fundamento suficiente en la Santa Biblia para poder tener confianza en “orar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero” o es un subterfugio astuto para ser engañados? ¿Qué dice la palabra de Dios en la Biblia?
Por Israel Gonzalez

En este documento demostraremos que el acto de orar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero es bíblico de forma total y absoluta. Concluiremos que existe tan abundante evidencia bíblica de este acto, que es asombroso que algunas denominaciones hagan rehuir a sus feligreses de este acto.
Primero especificaremos:
  • Lo que el Libro de Mormón dice
  • Lo que la crítica dice
Para luego demostrar los siguientes tres postulados básicos:
  • Postulado 1: Orar a Dios para saber un asunto es bíblico
  • Postulado 2: Orar a Dios para consultar un asunto es bíblico
  • Postulado 3: Orar a Dios para consultar si un libro nuevo de Escritura es verdadero es bíblico
Lo que nos llevará, necesariamente, a concluir que la exhortación de “preguntar a Dios si el Libro de Mormón es verdadero” es absolutamente correcta y que habla de una necesidad imperiosa para todo aquel que haya recibido un ejemplar del Libro de Mormón.

Lo que el Libro de Mormon dice


El Libro de Mormón, en palabras de su último escriba y profeta, dice que el proceso para saber por uno mismo si es cierto, es el siguiente:
He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones. Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas. (Moroni 10:3-5)
Esto enseña un procedimiento establecido que culmina con una oración de consulta. Enumeremos los pasos del proceso que se plantea en la cita anterior:
  1. Creer que sí hay un Dios
  2. Creer que Dios es nuestro Padre Celestial
  3. Creer que Dios es amoroso y misericordioso.
  4. Meditar profundamente en el amor de Dios
  5. Tener fe en Cristo, manifestándola en una vida en armonía con él (Santiago 2:17)
  6. Creer que podemos consultar a Dios en oración
  7. Creer que Dios puede contestarnos por medio del Espíritu Santo
  8. Haber recibido un ejemplar del Libro de Mormón
  9. Haber dudado de la veracidad del Libro de Mormón (para que nazca la necesidad de la consulta)
  10. Haber leído el Libro de Mormón por completo
  11. Haber realizado una potente oración consultando si el Libro de Mormón es verdadero
  12. Haber finalizado la súplica en el nombre de Cristo
  13. Haber reconocido la respuesta de Dios por medio de la manifestación personal e inequívoca del Espíritu Santo (que no siempre es un ardor en el pecho, al menos el Libro de Mormón no lo encasilla solamente a eso, como dice la crítica)
  14. Estar dispuesto a vivir en conformidad a los principios del Libro de Mormón *
* Al defender la postura de que sí es bíblico el acto de orar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero, también llevará de la mano el hecho de que el lector subentiende todos y cada uno de los pasos del proceso. Que cada punto es importante y debe ser cumplido. Que el desafío del Libro de Mormón no es un acto simplista y con un esfuerzo de mala gana, de solo una plegaria más. Creemos que orar por orar no será más provechoso que un rezo repetitivo sin sentimiento y que orar solamente para saber por curiosidad y posteriormente no actuar – conocido como tentar al Señor en las Escrituras – también será igualmente inútil que el ejemplo anterior.

Lo que la crítica dice

La crítica dice es que el proceso de consultar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero no sería bíblico. Algunos críticos incluso van más allá y aducen que es una práctica satánica. Se dice que no debiésemos tener suficiente “confianza” en este proceso de consulta por oración, y consecuentemente, no debiésemos practicarlo. Que el consultar incluso sería un asunto innecesario.

Sin embargo, si esta crítica fuese cierta, no podríamos hallar evidencia en la Biblia de los siguientes tres postulados (mencionados con anterioridad):

Postulado 1: Orar a Dios para saber un asunto es bíblico


Probaremos la necesidad que tenemos de orar para saber un asunto: que la oración, ruego, inclinación, humildad de corazón y diálogo de nosotros para con Dios es parte del proceso de adquisición de conocimiento espiritual en todas las épocas bíblicas. Se verá en las siguientes escrituras que de forma explícita o implícita, la oración es fundamental en el proceso de adquisición de sabiduría:

2 Crónicas 1:9-10. “Ahora pues, oh Jehová Dios, que se cumpla tu palabra dada a David, mi padre, porque tú me has hecho rey sobre un pueblo tan numeroso como el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y conocimiento …”. Salomón ora para que Dios le de sabiduría y conocimiento para su reinado.
Job 12:13; 28:20-21 “Con Dios están la sabiduría y el poder; suyos son el consejo y el entendimiento… ¿De dónde, pues, procede la sabiduría?¿Y dónde está el lugar del entendimiento? Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo le es oculta.” Job enseña que la sabiduría solamente se obtiene de Dios directamente.
Salmos 51:6. “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” David señala que su comprensión de los asuntos de Dios lo halló en la privacidad de su relación con Él. Esto implica los momentos de estudio, meditación y súplicas en la intimidad personal de David. Jesús llegará a usar la expresión “en lo secreto” para justamente referirse a la oración sincera que se hace al Padre Celestial (ver Mateo 6:18)
Proverbios 2:2,10; 22:17: “Dando oído a la sabiduría e inclinando tu corazón al entendimiento … Cuando la sabiduría entre en tu corazón y el conocimiento sea grato a tu alma. Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento…”. Se da énfasis que sólo escuchar no era suficiente – recordemos que ley se aprendía en su mayoría de forma oral, es decir por el escuchar, eso equivaldría en nuestra época a leer – sino que se necesitaba inclinarse a Dios, cosa muy propia de la humilde, penitente y sincera oración que se hace de rodillas.
Eclesiastes 1:13, 7:25 “Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo ha dado Dios a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.” La sabiduría se halla en más partes que sólo las Escrituras que poseemos. Pablo posteriormente dirá: “Examinadlo todo, retened lo bueno”(1 Tesa. 5:21) bajo este mismo contexto. La tarea de buscar la sabiduría en todas las fuentes posibles es impuesta por Dios para todos los hombres.
Daniel 2:21-22,30. “Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios desde la eternidad hasta la eternidad, porque suyos son la sabiduría y el poder. Y él es el que … da sabiduría a los sabios y conocimiento a los entendidos; él revela lo profundo y lo escondido; Y a mí me ha sido revelado este misterio.” Daniel explica que sólo Dios sabe todo y que el hombre necesita conocer ‘asuntos desconocidos’, que a él por el proceso de la revelación personal se le ha posiso manifestar uno de ellos. La historia consta que Daniel y sus compañeros oraron intensamente (ver Daniel 2:16-18) y solamente fue después de ello es que Daniel recibió la respuesta de Dios.
Lucas 21:15. “Proponeos, pues, en vuestros corazones no pensar de antemano cómo habéis de responder; porque yo os daré palabras y sabiduría, a las cuales no podrán resistir ni contradecir ninguno de los que se os opongan.” Jesús hace incapié a sus discípulos de la necesidad de depender de la influencia de Dios en una relación más estrecha que sólo la lectura o solamente el razonamiento (el pensar de antemano), que sí es necesario que es necesario el espacio de la revelación personal.
1 Corintios 2:5-7,12-13: “Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta … Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha dado; lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por humana sabiduría, sino con las enseñadas por el Espíritu”. Pablo hace incapié en que el proceso de adquisición de sabiduría de Dios difiere de la del mundo, que se basa sólo en el estudio y el razonamiento – como lo era el común pensar de los griegos siendo los Corintios una comunidad inmersa en ese mundo, era muy propio recordarlo - sino que hace necesario involucrar al Espíritu Santo en el proceso del aprendizaje.
Efesios 1:17. “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él;” Pablo evidentemente les cuenta de sus oraciones a los Efesios por ellos, para comprobar que ese acto es necesario para que Dios les diera sabiduría; y es muy razonable de suponer que también se los menciona para que ellos supiesen que también ellos podían orar por lo mismo, él les puso el ejemplo (Timoteo 4:12).
Colosenses 1:9. “Por lo cual también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual;” Recalca el papel de la oración nuevamente con la misma finalidad explicada en el párrafo anterior.
Santiago 1:5. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”. Santiago vuelve a mencionar la acción de orar a Dios si no sabe un asunto y agrega que Dios dará el conocimiento sin reprochar, es decir que el acto de orar para pedir saber un asunto es algo que desea Dios que hagamos.
Sin embargo, los críticos dicen que estas evidencias no bastan. Argumentan que esto no es suficiente prueba para demostrar la necesidad de consultar a Dios en oración acerca de un asunto de importancia. Dicen que pedir sabiduría sería distinto a consultar a Dios un asunto. Por ello se hace necesario demostrar el siguiente postulado.

Postulado 2: Orar a Dios para consultar un asunto es bíblico

Ahora pasaremos a demostrar que no solamente se debe rogar la sabiduría para los asuntos, además es bíblico preguntar a Dios por asuntos desconocidos que debemos conocer. El hecho explícito de que la oración no sólo se agradezca y se pida, como un monólogo como lo haríamos en una carta, sino que también incluya preguntas directas y textuales a modo de diálogo con el Señor, es bíblico:
Éxodo 18:5: “Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios”. Moisés dice que el pueblo hebreo tenía el hábito de consultar los hechos de la vida diaria a Dios y lo hacían a él, ya que él estaba “en el lugar de Dios” (Exodo 4:6). Sin embargo, el pueblo más tarde maduraría y sabría que ellos mismos podían recurrir en consulta al Señor, como veremos en las siguientes citas.
Jueces 18:5: “Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos. Y el sacerdote les respondió: Id en paz, porque el viaje que hacéis está delante de Jehová.” Las consultas al Señor son “para que sepamos”, es decir para que estemos absolutamente seguros del conocimiento que necesitamos obtener.
1 Samuel 9:9. “Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios decía así: Venid y vamos a ver al vidente; porque al que hoy se le llama profeta, antes se le llamaba vidente”. Se refuerza la idea que Israel, el pueblo de Dios, tiene de consultar a Dios por medio del profeta vidente. Más tarde, se verá que la consulta al Señor se hará por medio o en el nombre de Jesucristo (Zacarías 13:9, Juan 16:24), donde él es el Mediador Celestial por excelencia.
1 Samuel 22:15: “Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste a Dios por él, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy? … Entonces Ahimelec respondió al rey y dijo: ¿Acaso he comenzado yo desde hoy a consultar a Dios por él?”. Este episodio es evidencia que la costumbre hebrea de consultar al Señor estaba mucho más arraigada en su cultura que lo que la crítica piensa, al grado que el acto de orar y consultar a Dios es tomado en cuenta como muy relevante en la vida.
2 Reyes 1:6,16-17: “Y ellos le respondieron: Encontramos a un hombre que nos dijo: Id y regresad al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que tú envíes a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón? … Y le dijo: Así dice Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón (¿acaso no hay Dios en Israel para consultar su palabra?), no descenderás, por tanto, del lecho al que subiste, sino que de cierto morirás. Y murió conforme a la palabra de Jehová que había hablado Elías.” El profeta Elías encontró tan grave que no se consultara al Señor por parte el rey politico de Israel que decreto la drástica pena de muerte sobre él. ¿No es aún más importante en este tiempo practicar consultar al Señor en oración para evitar una muerte espiritual?
1 Crónicas 14:14: “Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? y, ¿los entregarás en mis manos? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos”. Este es un gran ejemplo de lo que estamos hablando. Aquí David plantea su interrogante de forma explícita a Dios. Así vemos que la oración puede, y debe, involucrar preguntas explícitas y no sólo peticiones o agradecimientos.
2 Crónicas 34:26: “Pero al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Jehová, el Dios de Israel, ha dicho así”. Se refuerza la idea de consulta a Dios.
Isaías 8:19-20: “Y si os dijeren: Preguntad a los que evocan a los muertos, y a los adivinos, y a los que susurran y a los que murmuran, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?. ¡A la ley y al testimonio!”. Isaías enfatiza incluso que el hecho de consultar a Dios es la base para que la ley y el testimonio del Señor se impregnen en el alma.
Ezequiel 20:3,31 “Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿A consultarme venís vosotros? Vivo yo, que no os responderé, dice Jehová el Señor… Di, pues, a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿No os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres y os prostituís tras sus abominaciones? Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy; ¿y he de responderos yo, casa de Israel? ¡Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no os responderé!” El Señor enfatiza que para obtener respuesta celestial a nuestras consultas en oración, debemos hacer un esfuerzo por vivir vidas acordes de uno que desea tener comunión con los cierlos o si no él no responderá, lo cual es completamente de acuerdo con lo que enfatiza el Libro de Mormón en la frase “teniendo fe en Cristo”, que se muestra tanto por la fuerza de la creencia en Cristo como por los frutos de la obediencia a los principios de su Evangelio.
Sin embargo un grupo reducido de la crítica dice que sí es bíblico orar para consultar a Dios, pero que no existe evidencia bíblica alguna que se haya consultado por un libro de escrituras nuevo, lo cual restaría importancia a consultar por un supuesto nuevo libro de Escrituras.

Postulado 3: Orar para consultar a Dios si un libro nuevo de escritura es verdadero es bíblico

Es un episodio casi pasado por alto, pero en sí mismo e independiente de su brevedad es muy significativo para el tema de este estudio. Quizá sea la brevedad de éste que es casi ignorado por la mayoría de los detractores así como de los conocedores del Libro de Mormón.
Es una prueba indiscutible que sí es correcto consultar a Dios en oración para saber si un nuevo libro de supuesta escritura sagrada es efectivamente de Dios: el episodio del hallazgo del libro de la ley contenido en 2 Reyes 22:
“Josías … reinó en Jerusalén treinta y un años …
E hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda …
Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías a Safán, el escriba: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán, y lo leyó… Y Safán, el escriba, declaró al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro [Nota: Como escriba, Safán hubiese detectado enseguida si era un libro ya conocido o nuevo de escritura sagrada]. Y lo leyó Safán delante del rey.
Y sucedió que cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos. Y mandó el rey al sacerdote Hilcías, y a Ahicam hijo de Safán, y a Acbor hijo de Micaías, y al escriba Safán, y a Asaías, siervo del rey, diciendo: Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado, porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que está escrito de nosotros… Pero al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, diréis así: Así dice Jehová, el Dios de Israel: En cuanto a las palabras que has oído, ya que tu corazón se enterneció y te humillaste delante de Jehová cuando oíste lo que yo hablé contra este lugar y contra sus moradores, que llegarían a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová.
Por tanto, he aquí, yo te reuniré con tus padres, y serás llevado a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traeré sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta.” (2 Reyes 22: 1-2,9-10,12-14,18-20)

¿Porque entonces sí debo orar a Dios para saber si el Libro de Mormón es verdadero?

La evidencia es demasiado contundente como para ser rebatida. Ahora sólo nos queda preguntarnos las razones de porqué Dios nos ha puesto este desafío en frente a muchos, un desafío que prueba por sobre todas las cosas la humildad de la persona: consultar a Dios si el Libro de Mormón es verdadero.
Primero, porque el Libro de Mormón, a diferencia de otros libros de escritura supuestamente sagrados que la crítica suele citar como el Corán y otros poniéndolos a la par que el Libro de Mormón, ninguno de ellos clama ser “Otro Testamento de Jesucristo”. Ninguno apoya a la Biblia como palabra de Dios. En cambio, el Libro de Mormón se presenta como un compañero adicional que da más luz acerca de la divinidad del Señor Jesucristo y de la veracidad de la Biblia.
Segundo, porque el Libro de Mormón es para nosotros. Ningún jaredita, nefita, lamanita, zoramita, etc ni ningún prueblo pre-colombino de los que leemos en el libro tuvo acceso a él. Fue escrito y preservado por siglos especialmente para nuestra época. Eso tampoco tiene paralelo en la historia.
Tercero, porque existe salvación por gracia en la inocencia, pero condenación en la ignorancia. La sutil gran diferencia es que el inocente no pudo saber, el ignorante rechaza lo que sí pudo haber conocido. Así, de ser verdadero este proceso que culmina al orar para saber si el Libro de Mormón es verdadero, explicado al principio de Moroni 10:3-5; el rechazar a sabiendas la oportunidad de vivir este proceso, de conocer la veracidad de este Nuevo Testamento es tan importante que la consecuencia de rechazarlo es caer de la gracia del Señor:
“Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Porque tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; porque has olvidado la instrucción de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas 4:6, TBJ)
Cuarto, el juicio final se basará en todos los libros sagrados. Si el Libro de Mormón fuese verdadero y si usted ya tenía un ejemplar de antemano en su poder y nunca lo apreció, ¿Que hará cuando, en frente de sus ojos, en la mesa del Juicio Final vea un ejemplar del Libro de Mormón abierto de par en par para juzgar su vida? Porque usted y yo “seremos juzgados por todos los libros sagrados” y no solamente los que más nos agraden (ver Apocalipsis 20:12). Así es de vital que usted sepa si este libro es Otro Testamento de Cristo o no lo es:
“Pero he aquí, hay muchos que endurecen sus corazones contra el Espíritu Santo, de modo que no tiene cabida en ellos; por tanto, desechan muchas cosas que están escritas y las consideran como nada.
Mas yo, Nefi, he escrito lo que he escrito; y lo estimo de gran valor, especialmente para mi pueblo. Porque continuamente ruego por ellos de día, y mis ojos bañan mi almohada de noche a causa de ellos; y clamo a mi Dios con fe, y sé que él oirá mi clamor.
Y sé que el Señor Dios consagrará mis oraciones para el beneficio de mi pueblo. Y las palabras que he escrito en debilidad serán hechas fuertes para ellos; pues los persuaden a hacer el bien; les hacen saber acerca de sus padres; y hablan de Jesús, y los persuaden a creer en él y a perseverar hasta el fin, que es la vida eterna.
Y hablan ásperamente contra el pecado, según la claridad de la verdad; por tanto, nadie se enojará con las palabras que he escrito, a menos que sea del espíritu del diablo.
Y ahora bien, mis amados hermanos, y también vosotros los judíos y todos los extremos de la tierra, escuchad estas palabras y creed en Cristo; y si no creéis en estas palabras, creed en Cristo. Y si creéis en Cristo, creeréis en estas palabras, porque son las palabras de Cristo, y él me las ha dado; y enseñan a todos los hombres que deben hacer lo bueno.
Y si no son las palabras de Cristo, juzgad; porque en el postrer día Cristo os manifestará con poder y gran gloria que son sus palabras; y ante su tribunal nos veremos cara a cara, vosotros y yo, y sabréis que él me ha mandado escribir estas cosas, a pesar de mi debilidad.” (2 Nefi 33: 2-5,10-11)
Por último, quisiera testificar mi experiencia personal. Sé que el proceso que clama el libro es cierto: que si lo leemos, meditamos y oramos a Dios en el nombre de Jesucristo para preguntarle si el Libro es verdadero, sabremos por nosotros mismos que es de Dios por medio del poder del Espíritu Santo. Yo lo he hecho y ahora sé por mí mismo que el Libro de Mormón también es la palabra de Dios.
Entiendo el resquemor y prejuicio que pueda tener antes de hacerlo. Nos ha pasado a todos los que hemos seguido el proceso ya que este parte por dudar acerca del Libro. El arrodillarse y preguntar, luego de haber un arduo esfuerzo por meditar y leer, es algo que requiere valentía y por sobre todo mucha humildad. He tratado de hacer mi mejor esfuerzo para que al menos usted confíe que el proceso es total y absolutamente acorde a lo que la Biblia enseña y que la crítica sensacionalista que tacha el proceso de “no-necesario” e incluso de “satánico” es totalmente errada y sin base bíblica alguna.
Lo invito que Ud confié y lo haga.
¡El Libro de Mormón es verdadero! ¡Que el Señor le bendiga en su esfuerzo

Fuente: www.evidencias-ellibrodemormon.blogspot.com


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